Cómo sacar a tus alumnos de la montaña rusa de la ansiedad matemática
29 de abril de 2026
29 de abril de 2026
Por Jennifer Feehan
Para muchos estudiantes, la clase de matemáticas es como una montaña rusa en la que se ven obligados a subirse. Primero viene la subida lenta y traqueteante, mientras intentan comprender los conceptos, y luego la caída repentina: pruebas, exámenes, problemas verbales, deberes. Se les revuelve el estómago, su confianza se desploma y, antes de que se den cuenta, se preparan para cada clase como si fuera una atracción de parque de atracciones que ha salido mal.
¿Y si los profesores pudieran rediseñar el recorrido? ¿Y si pudiéramos cambiar el miedo por diversión, la confusión por curiosidad, y ayudar a pasar de aferrarse a la barra de seguridad a levantar los brazos en señal de victoria? He aquí algunos cambios significativos que pueden poner en marcha esa transformación:
Reconoce ese miedo. Muchos alumnos dirán abiertamente que no les gustan las matemáticas, pero lo que muchos de ellos quieren decir en realidad es que les preocupa su capacidad para entenderlas. Debemos reconocer y validar sus sentimientos, lo que ayudará a generar confianza y abrirá la puerta al progreso. Haz saber a los alumnos que está bien sentirse nerviosos ante la clase de matemáticas; es una reacción normal sentirse frustrado cuando un tema es difícil. Explícales que la ansiedad es algo común y que no significa que no puedan entender las matemáticas. Preguntar activamente a los alumnos que tienen dificultades con un concepto también ayudará. En lugar de decir: «¿Qué pasa?», pregunte: «¿Qué parte te resulta confusa?» o «¿Dónde crees que te estás desviando?». Reconocer el miedo hará que los alumnos se sientan escuchados y, a medida que construyamos estas relaciones, serán más propensos a participar. Como profesores, también podemos compartir abiertamente nuestras propias dificultades con las matemáticas. A menudo les digo a mis alumnos que la geometría me costaba mucho y que los diagramas me parecían muy confusos. En cálculo, cuando un alumno no entiende cómo hallar el área entre dos curvas, me gusta contarles cómo superé mis propias dificultades. Compartir nuestras historias puede animar a los alumnos a participar y a explicar cómo razonan sobre sus problemas. Es importante normalizar las dificultades y recompensarlas. Los alumnos que tienen dificultades se están esforzando, y sus esfuerzos deben ser reconocidos.
Crea un entorno seguro y propicio. Un alumno que se sienta seguro para cometer errores sin ser juzgado en clase se sentirá cómodo asumiendo riesgos. Es importante que sepan que nuestras aulas son lugares donde el esfuerzo da resultados y donde es normal cometer errores por el camino. Es imprescindible establecer unas normas básicas para una colaboración y un debate respetuosos. He tenido alumnos que han dado respuestas erróneas con total seguridad en clase, lo que ha provocado que otros se rieran o dijeran cosas como: «¡Te equivocas, chica!». Estos momentos se convirtieron en oportunidades de aprendizaje tanto para mí como para mis alumnos. Hemos hablado de cómo discrepar respetuosamente sin herir los sentimientos de sus compañeros. Al mismo tiempo, celebré esa respuesta incorrecta. Ella fue capaz de explicar por qué esa era su respuesta, y su razonamiento era correcto, pero cometió un simple error aritmético. Esto les confirma a tus alumnos que valoras el proceso más que la respuesta final, y no se sienten mal si obtienen una respuesta incorrecta debido a un pequeño error.
Da ejemplo de calma y curiosidad, y no pretendas ser perfecto. Los alumnos suelen imitar nuestras actitudes en el aula, por lo que cuando mostramos una relación sana con la materia que impartimos, el impacto puede ser muy significativo. Piensa en voz alta cuando resuelvas problemas y muestra lo que es la perseverancia. Mejor aún, cuando cometas un error, reconócelo. Esto no debe hacerse diciendo «Solo quería asegurarme de que prestabais atención». Da un paso atrás y deja que los alumnos vean cómo corriges tus errores, en lugar de simplemente borrarlos y sustituirlos por la respuesta correcta. A ver si pueden ayudarte a señalar dónde te has equivocado. Esto les ayuda a aprender a gestionar y corregir su propio trabajo. Cuando los alumnos ven a su profesor cometer errores, esto les ayuda a normalizarlo. Cuando alguien se frustra por haber cometido un error, yo digo: «¿Y qué? ¡A mí también me pasa!». Sé sincero sobre tus errores. Nuestros alumnos nos ven como expertos en nuestro campo, por lo que ver al «experto» cometer errores y superarlos les ayuda a darse cuenta de que está bien que ellos también se equivoquen.
Ofrece ejercicios sin presión. Cuando era estudiante, que me preguntaran de improviso en clase era mi mayor fuente de ansiedad. No digo que haya que dejar de preguntar a los alumnos, pero debemos tener cuidado con cómo lo hacemos. Cuando les planteo un problema a mis alumnos, recorro el aula para ver quién va por buen camino y quién tiene dificultades. Si quiero elegir a un alumno que no levanta la mano porque se siente intimidado o asustado, elegiré a uno que sé que tiene la respuesta y el proceso correctos. No califiques los ejercicios por su corrección; no muchos niños aciertan a la primera. No se les debe penalizar por intentar aprender y no deben preocuparse por que baje su nota cuando están aprendiendo a procesar nueva información.
Haz que las clases sean divertidas. Muchos alumnos no ven las matemáticas como una asignatura divertida, pero no tiene por qué ser así. Haz que los alumnos interactúen entre ellos y no tengas miedo de probar nuevos métodos. A mis alumnos les encanta ir a la pizarra a resolver problemas. Esto me permite ver de inmediato qué alumnos están entendiendo los conceptos y cuáles necesitan apoyo adicional. También permite la tutoría entre compañeros, haciendo que los alumnos trabajen juntos para resolver un problema, lo que fomenta un rico discurso matemático que no se daría si los alumnos se vieran obligados a sentarse en un pupitre con una hoja de ejercicios. Además, no tengas miedo de probar la gamificación y las actividades lúdicas. Convertir los ejercicios de práctica en una actividad de emparejamiento o en una búsqueda del tesoro no es tan difícil como parece. La gamificación puede ser tan sencilla como que un grupo resuelva un problema y quite una nota adhesiva de la pizarra para ganar puntos, pero solo si aciertan la pregunta.
Explícales cómo serán las evaluaciones. Cuando pregunté a mis alumnos cuál era la principal razón por la que les preocupaban las matemáticas, los exámenes y las pruebas breves fueron la respuesta más frecuente. El primer examen o prueba breve de tu clase les resulta desconocido. Es importante que sepan qué pueden esperar de tu primera evaluación. Yo utilizo el mismo formato de examen para todas mis evaluaciones, así que mis alumnos saben qué pueden esperar cada día de examen o prueba, y les doy un examen de prueba para el primer examen que hacemos en clase. Les digo que las preguntas no serán las mismas, pero que los temas y los niveles de dificultad serán similares. Tras el primer examen o prueba, esto se convierte en preguntas de repaso para ayudar a los alumnos a prepararse para su evaluación.
No dejes que las evaluaciones arruinen la nota. Esto no significa que las evaluaciones no sean importantes, ni que no deban tenerse en cuenta. Si les decimos a los alumnos que está bien cometer errores, pero no en las evaluaciones, estamos dando a entender que no vale la pena comprender la materia una vez finalizado el examen. Se debería permitir a los alumnos volver a realizar las evaluaciones o, como mínimo, corregir la evaluación que se les ha entregado. Hay muchas formas de hacerlo. Puedes pedir a los alumnos que realicen una tarea de recuperación para ganarse el derecho a volver a hacer la evaluación, o decirles que deben corregir su evaluación original antes de realizar una nueva. Puedes reunirte con ellos para repasar cualquier concepto erróneo y luego hacer que vuelvan a realizarla. Se les puede permitir recuperar puntos corrigiendo su trabajo, siempre y cuando justifiquen cómo lo han hecho. Si nuestros alumnos saben que se les puede dar una segunda oportunidad en una evaluación, esto suele aliviar parte de la presión y la ansiedad que les produce el examen.
Califica de forma justa. Las notas son otra fuente de ansiedad para muchos de nuestros alumnos. Nuestras calificaciones deben reflejar lo que los alumnos saben hacer, no el mero cumplimiento de las tareas. La calificación es importante, pero no es necesario calificar todos los trabajos. Las pruebas de evaluación, como las fichas de salida, los ejercicios de calentamiento, los cuestionarios, los exámenes y los trabajos que los alumnos realizan sin ayuda, deben constituir la mayor parte de sus calificaciones, ya que eso es lo que pueden hacer por sí mismos. Si pones deberes, considera no tenerlos en cuenta para la nota, o tenerlos en cuenta solo de forma muy secundaria. Hay alumnos que no cuentan con apoyo en casa para ayudarles con los deberes, y muchos tienen responsabilidades externas relacionadas con trabajos, deportes y familias. También es importante ser claro sobre cómo se van a calcular las notas; hazles saber el primer día cómo se les va a calificar y de dónde provendrán sus notas.
¡Celebra! Celebra el éxito y el esfuerzo siempre que puedas. Mi tradición favorita en el aula es el uso de estrellas. Cuando un alumno saca un sobresaliente en un examen, recibe una estrella recortada con su nombre. Pueden colgar su estrella en mi clase, y permanece allí hasta que se la llevan o ya no se mantiene en la pared. Por eso, tengo estrellas en mi clase de hace más de cinco años. Motiva a los alumnos a hacerlo bien, y algunos me han dicho que ver las estrellas les hace querer esforzarse para ganarse finalmente una. También se dan cuenta de que, si otros alumnos pueden alcanzar ese nivel de éxito, ellos también pueden. No hace falta celebrar solo las notas: celebra que todos hayan acertado la misma pregunta, celebra que una nota haya pasado de un 5 a un 7 en una nueva evaluación, celebra haber acertado una pregunta difícil después de trabajar en ella durante mucho tiempo. Mejor aún, celebra los logros de los alumnos de tu clase, no solo por su capacidad matemática, sino también por sus intereses personales, como los deportes, las admisiones en la universidad y los cumpleaños.
Aunque no es algo que vaya a desaparecer por completo, podemos ayudar a aliviar parte de la ansiedad que sienten nuestros alumnos. No deben tener miedo de subirse a la montaña rusa de las matemáticas. Si logramos ofrecerles un entorno divertido, claro, orientado a objetivos, motivador y de apoyo, nuestros alumnos se sentirán seguros para cometer errores, asumir riesgos y alcanzar el éxito. Eso podría hacer que se sintieran más dispuestos y entusiasmados por volver a subirse a la montaña rusa el año siguiente.
Jennifer Feehan, miembro de la Asociación de Educación de Fauquier y profesora de matemáticas en el instituto Fauquier High School, fue finalista estatal de Virginia para el Premio Presidencial a la Excelencia en la Enseñanza de las Matemáticas y las Ciencias de 2025.
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